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El pacto con Irán complica el futuro político de Netanyahu antes de las elecciones

El acuerdo impulsado por Estados Unidos con Irán suma presión sobre Benjamin Netanyahu, que buscará retener el poder en unas elecciones marcadas por críticas internas, guerras abiertas y tensiones con Washington.

Miercoles, 17 de Junio de 2026
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El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, se encamina a una elección clave en un escenario cada vez más complejo. Sus posibilidades de mantenerse en el poder ya venían debilitadas, pero el acuerdo provisional impulsado por Estados Unidos con Irán agregó una nueva dificultad a su futuro político.

El presidente estadounidense, Donald Trump, optó por avanzar hacia el cierre de los conflictos en Irán y Líbano antes de que Israel alcanzara todos sus objetivos militares. En ese contexto, la frase que Netanyahu había pronunciado en marzo, cuando aseguró que "estamos cambiando el rostro de Medio Oriente", aparece ahora más discutida que nunca.

El líder israelí, de 76 años, confirmó esta semana que volverá a competir en las elecciones que deberán convocarse antes de octubre. Las encuestas muestran a su coalición de derecha en camino a una posible derrota, aunque en un sistema parlamentario que dominó durante largos períodos desde los años 90, pocos en Israel descartan que logre construir una nueva mayoría.

Netanyahu llega a esta etapa atravesado por múltiples frentes de conflicto. Además de las causas por corrupción que enfrenta, carga con fuertes críticas internas por las fallas de seguridad previas al ataque de Hamas del 7 de octubre de 2023, la conducción de las guerras posteriores y el estado de la relación con Estados Unidos, el principal aliado estratégico de Israel.

Su partido, el Likud, lo presenta como un dirigente de línea dura que logró frenar las presiones por la creación de un Estado palestino y que promovió ataques contra Irán y sus aliados regionales. "No habrá un Estado palestino al oeste del río Jordán", sostuvo Netanyahu en 2025, al afirmar que durante años impidió la creación de lo que definió como un "Estado terrorista".

Sin embargo, su imagen de garante de la seguridad quedó golpeada por el ataque de Hamas, por el que nunca asumió responsabilidad directa, y por guerras que dejaron éxitos militares puntuales pero ninguna victoria duradera. Decenas de miles de personas murieron en ofensivas israelíes en Gaza y Líbano, mientras que el número de bajas militares israelíes alcanzó sus niveles más altos en décadas.

Críticos internos sostienen que Netanyahu desvió la atención de seguridad lejos de la frontera con Gaza y subestimó a Hamas como amenaza real. Aunque buena parte de la sociedad israelí respaldó la guerra en Gaza, muchos cuestionaron la forma en que el primer ministro la administró. Entre ellos estuvieron generales retirados y familiares de rehenes, quienes le reprocharon la falta de un plan estratégico claro.

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Las muertes del líder de Hezbollah, Hassan Nasrallah, y del líder supremo iraní, Ali Khamenei, fueron celebradas en Israel. Sin embargo, Hamas todavía controla gran parte de Gaza, Irán sigue bajo el mando de dirigentes teocráticos y Hezbollah logró sobrevivir en Líbano.

"Netanyahu perdió la guerra. Netanyahu no cumplió: en el momento de la verdad colapsó", afirmó el líder opositor Yair Lapid, después de que Trump impusiera una nueva tregua entre Israel y Hezbollah como parte de su acuerdo con Irán.

Netanyahu rechaza esas críticas y las considera parte de una campaña destinada a minimizar los logros de Israel. Al advertir sobre la amenaza nuclear iraní, defendió su estrategia: "Si no hubiéramos actuado a tiempo y con una fuerza abrumadora, hoy no estaríamos aquí".

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La devastación en Gaza provocó acusaciones internacionales de genocidio, rechazadas por Israel, y derivó en una orden de arresto de la Corte Penal Internacional contra Netanyahu por presuntos crímenes de guerra. El primer ministro calificó esas acusaciones como absurdas.

Aunque Netanyahu buscó durante años consolidar apoyos occidentales para Israel, también mantuvo fuertes choques con presidentes estadounidenses y otros líderes mundiales. Según una biografía citada por Reuters, el expresidente Joe Biden llegó a llamarlo en privado "hijo de puta" y "un maldito mal tipo".

La expansión de asentamientos israelíes en la ocupada Cisjordania y los ataques contra palestinos en ese territorio también alimentaron los reclamos internacionales para reactivar el proceso de paz.

La tensión, sin embargo, no se limita al exterior. Muchos israelíes consideran injustas las críticas occidentales contra la campaña militar en Gaza después del ataque de Hamas. Al mismo tiempo, rivales políticos de Netanyahu lo acusan de ceder ante la presión de Estados Unidos.

En Washington, su cercanía con el Partido Republicano y sus ataques a dirigentes demócratas contribuyeron a erosionar décadas de respaldo bipartidista a Israel. Incluso Trump, el presidente estadounidense con el que Netanyahu mantuvo mayor afinidad política, lo llamó "maldito loco" durante una conversación telefónica en junio.

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Netanyahu nació en una familia marcada por la historia y la política. Hijo de un reconocido historiador, estudió en Estados Unidos antes de incorporarse a la misma unidad de comandos de élite que integró su hermano mayor, Yoni Netanyahu, muerto en 1976 durante la operación de rescate de pasajeros secuestrados en Entebbe, Uganda. Netanyahu dijo que ese episodio "cambió mi vida".

Con el tiempo demostró una gran capacidad para moverse en la política israelí. Supo conectar con su base electoral en ciudades periféricas y asentamientos, y en 1996 se convirtió en el primer ministro más joven de la historia de Israel.

Desde entonces construyó coaliciones con colonos, sectores de línea dura en seguridad, ultraortodoxos y votantes favorables a políticas promercado. También logró sobrevivir a numerosos rivales internos y externos, alternando alianzas y abandonando antiguos socios cuando lo consideró necesario.

Marcado por un juicio por corrupción, Netanyahu ganó en 2022 un sexto mandato sin precedentes y llevó al gobierno a partidos nacionalistas con una agenda abiertamente expansionista. Sus intentos de limitar el poder de la Corte Suprema desataron en 2023 las protestas más grandes de la historia de Israel.

El primer ministro buscaba construir su legado a partir de los Acuerdos de Abraham, firmados en 2020 para normalizar o ampliar vínculos con cuatro países árabes. Su objetivo era alcanzar la paz con el mundo árabe sin aceptar la autodeterminación palestina.

Pero el ataque de Hamas de 2023 y la guerra en Gaza hicieron inviable esa estrategia. Con la imagen internacional de Israel severamente deteriorada, el legado de Netanyahu quedará ahora sujeto a una disputa mucho más amarga dentro y fuera de su país.