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Lo acusaron de haber matado a una chica, lo torturaron en la cárcel y la supuesta víctima apareció viva años después

Tenía 19 años cuando lo detuvieron por el crimen de una adolescente que tiempo más tarde fue encontrada en otra provincia. Para él, sin embargo, ya era tarde. Murió con la salud quebrada por los tormentos y la sensación de que la justicia nunca llegó.

Sabado, 27 de Junio de 2026
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Hace casi cuatro décadas, el 16 de octubre de 1989, Nelson Madaf acompañó desde la escuela hasta su casa a Claudia Díaz, una adolescente de 15 años que le habían presentado apenas unas horas atrás. En la puerta se despidieron, él se fue y a ella nadie volvió a verla.

Así se empezó a escribir una de las historias más dolorosas en la memoria de San Luis. Con tan solo 19 años, Nelson fue detenido y torturado acusado de un asesinato que nunca existió.

La supuesta víctima, Claudia, apareció años después, viva y con una nueva familia en otra provincia. Pero el infierno que atravesó Madaf le dejó secuelas que nunca lo abandonaron.

"Los últimos tiempos que fui a verlo, él no salía de la habitación", recordó en diálogo con TN Ayelén Toranzo, docente y una de las personas que más lo acompañó en la última etapa de su vida.

Y resaltó: "Me quedó la sensación de que murió abandonado, y eso es muy triste".

De San Juan a San Luis: el inicio del calvario

Nacido el 17 de agosto de 1969 en San Juan, Nelson creció trabajando en el campo. Pero en 1989, la mala situación económica y una sequía prolongada lo obligaron a mudarse a San Luis junto a su familia, en busca de un futuro mejor.

En octubre de ese año conoció a Claudia Díaz, apenas dos días antes de su desaparición. Le compró un helado y se sentaron juntos en la Plaza Pringles a la salida de la escuela. Después la acompañó a su casa.

Esa fue la última vez que la vio. Ni él ni nadie volvió a saber de ella. Por eso la policía lo señaló como el principal sospechoso de una hipótesis escalofriante: aseguraron que la había obligado a abortar, que la había asesinado y que había ocultado su cuerpo.

Nada de eso era cierto.

Golpes, torturas y una confesión arrancada a la fuerza

La madrugada en que la Policía irrumpió en la casa de los Madaf fue brutal. Entraron a los gritos, golpearon a todos y se llevaron a Nelson esposado y con la cabeza tapada. Lo subieron a una camioneta, lo llevaron hasta el río, lo metieron en una bolsa negra con un motor atado a los pies y lo sumergieron varias veces, al borde del ahogo. Y fue solo el principio.

Nelson pasó casi tres años detenido, sometido a torturas que marcaron para siempre su cuerpo y su salud. Hasta lo hicieron cavar su propia tumba.

Para el abogado Carlos Pereyra, que tomó contacto con el caso décadas después, el expediente refleja una de las expresiones más brutales del funcionamiento del sistema judicial y policial.

"Lo que me llamó la atención fue la crueldad. La crueldad sin límites de los sistemas jurídicos", afirmó en diálogo con este medio. Y resaltó: "Fue todo inventado. Lo único cierto es que Nelson fue la última persona que vio a Claudia el día que desapareció".

Según el letrado, los tormentos que sufrió Nelson son propios de los años más oscuros del país: "Le sacaron dientes con una botella rota, lo colgaban de árboles, lo enterraban dejando solo la cabeza afuera, le hacían simulacros de fusilamiento. Era una locura".

Días y noches en las que lo sacaban de la cárcel y lo llevaban a un descampado solo para torturarlo. Incluso, le aplicaron inyecciones con agujas infectadasy se contagió de VIH. Bajo esa presión, Nelson Madaf terminó confesando un crimen que no había cometido.

Estuvo preso hasta 1995, cuando lo liberaron por falta de pruebas y tras la adhesión de la Argentina al Pacto de San José de Costa Rica.

A la distancia, Pereyra sostiene que la investigación se construyó para satisfacer a la opinión pública, atravesada en ese momento por casos de enorme repercusión como el de María Soledad Morales en Catamarca.

"Nunca se investigó a los responsables de los tormentos que sufrió Nelson. Algunos se jubilaron como comisarios generales y todavía disfrutan de sus jubilaciones", denunció.

La verdad salió a la luz: Claudia Díaz estaba viva

Recién nueve años después se supo la verdad: Claudia Díaz estaba viva en San Juan, con pareja y cuatro hijos. Aquella noche de 1989, se había escapado de su casa por los golpes de su padre.

Caminó hasta la ruta, subió a un camión rumbo a Caucete y allí empezó una nueva vida sin mirar atrás. Fue mucama, vivió en la calle y terminó en pareja con un hombre mayor que ella, Hugo González, con quien formó una familia y también sufrió violencia.

"Para Nelson fue un shock enterarse de que Claudia estaba viva. Para toda la comunidad también. Quedó claro que todo había sido una mentira. Una obra de teatro. Y, por supuesto, nadie pidió disculpas", dijo a TNCarlos Pereyra.

Por su parte, Ayelén Toranzo conoció a Nelson en 2019 y asegura que jamás escuchó de su boca una palabra de odio.

"Nunca habló mal de Claudia. Siempre decía que ella también era una víctima porque sufría violencia en su casa. Nunca lo escuché hablar mal de nadie", afirmó a este medio.

Una vida destruida y ningún responsable

A Nelson Madaf le destrozaron la vida por un delito que nunca existió. Pero nadie fue procesado por las torturas que sufrió.

"Sentía que le habían arruinado la vida. A él le hubiera gustado formar una familia, enamorarse, tener una vida normal como cualquiera. Pero tenía miedo", sostuvo Ayelén Toranzo.

Con el tiempo, la muerte de su madre terminó de hundirlo. "Ella luchó muchísimo por él. Cuando murió, Nelson cayó en una depresión muy profunda. Empezó a tomar alcohol y ya no quería salir", agregó

La salud de él también se deterioró con el paso de los años. Pasaba largas temporadas internado y dependía de la ayuda de familiares, vecinos y organizaciones para afrontar los gastos básicos.

"Nunca nadie se preocupó de que pudiera vivir un poquito mejor, de que tuviera sus remedios. Para mí, justicia nunca hubo", sostiene Ayelén.

"Nadie volvió a preguntar"

El abandono que describen quienes estuvieron cerca de Nelson también golpeó a su familia. En un breve intercambio con TN, Federico, uno de sus hermanos, aseguró que el interés desapareció apenas Nelson murió.

"De un momento a otro nuestro apellido estaba en la boca de todos. Pero desde el momento en que mi hermano murió, nunca más nadie se acercó a preguntar ni cómo estábamos", lamentó.

Por eso considera importante que la historia siga contándose, después de tantas décadas de dolor.

"Es bueno que se siga hablando de Nelson, porque es como meter el dedo en la llaga", subrayó.

El abandono y la tristeza: el final de Nelson Madaf

Los últimos años de Nelson Madaf estuvieron marcados por el abandono. Su salud nunca se recuperó. Sufría internaciones constantes, especialmente en invierno, y dependía de la ayuda de sus vecinos para sobrevivir. La indemnización que recibió fue mínima y llegó tarde. Su familia, humilde, no pudo afrontar ni siquiera los gastos del sepelio cuando murió.

Ayelén todavía recuerda las marchas que organizó para pedir justicia. Al principio apenas reunía a un puñado de personas. "Éramos la familia y yo. No llegábamos a diez", apuntó.

Con el tiempo hubo más acompañamiento, aunque nunca alcanzó para reparar el daño. Lo que más la indigna, todavía hoy, es haber visto a Nelson escondido mientras quienes lo habían torturado seguían caminando libremente por las calles de San Luis.

"Las pocas veces que salía al centro, se cruzaba con policías que habían participado de todo aquello. Él vivía con miedo. Eso fue lo más injusto: que Nelson tuviera que esconderse y ellos estuvieran de lo mejor", reafirmó.

Nelson Madaf murió el año pasado. Tenía la salud destruida y una historia que nunca dejó de perseguirlo.

"Debe haber muerto con mucha tristeza", reflexionó Pereyra, sobre el final de la entrevista con TN. Y concluyó: "Pero también era un valiente. Nunca se calló. A mí me gustaría tener el valor que tuvo él".