Un informe de Sensor Tower advirtió que los usuarios en Estados Unidos pasan más del doble de tiempo con compañeros de IA que en aplicaciones de citas. Especialistas alertan sobre los riesgos emocionales y sociales.
Un informe de Sensor Tower reveló una tendencia que empieza a generar preocupación: los usuarios en Estados Unidos pasan cada vez más tiempo interactuando con asistentes virtuales y compañeros de inteligencia artificial, incluso por encima del tiempo que dedican a las aplicaciones de citas.
Según el estudio, los estadounidenses ya pasan más del doble de tiempo con chatbots de IA que en plataformas destinadas a conocer posibles parejas. El dato se suma a otras investigaciones recientes que muestran que uno de los usos más frecuentes de la inteligencia artificial generativa es la búsqueda de compañía, contención emocional o conversación terapéutica.
La explicación, según el análisis, está en la propia lógica de funcionamiento de cada modelo. Mientras las apps de citas suelen tener una dinámica más transaccional y pueden perder usuarios cuando se concreta un vínculo, los compañeros de IA ofrecen una interacción continua, disponible y adaptada a las respuestas del usuario.
Especialistas advierten que el crecimiento de este tipo de interacciones plantea nuevos desafíos psicológicos y sociales. La psiquiatra Marian Rojas Estapé señaló que el principal riesgo es que las personas comiencen a preferir vínculos sin fricción, sin conflicto y sin exigencias.
"La relación con una IA puede ser cómoda: no contradice demasiado, no exige, no se cansa, no tiene heridas propias, no necesita reciprocidad real", explicó. Según la especialista, ese tipo de interacción puede volver a las personas menos tolerantes a aspectos propios de los vínculos humanos, como el desencuentro, la espera, la diferencia o la incomodidad.
En la misma línea, la psicóloga Bárbara Ayub, del equipo Psicointegral, remarcó que la inteligencia artificial tiende a validar lo que el usuario plantea y puede reforzar la búsqueda de respuestas complacientes. "La inteligencia artificial genera mucha adulación: tiende a confirmar lo que queremos escuchar y no fomenta el pensamiento crítico", sostuvo.
Otro factor clave es la disponibilidad permanente. Los chatbots pueden responder las 24 horas, sin pausas ni tiempos de espera, algo que puede reducir la tolerancia a la frustración y dificultar la exposición a la incertidumbre propia de los vínculos reales o de los procesos terapéuticos tradicionales.
Algunas investigaciones ya comenzaron a registrar posibles efectos de una dependencia elevada de estas herramientas. Un estudio conjunto de OpenAI y el MIT Media Lab observó que las interacciones diarias de voz con ChatGPT se correlacionaban con mayores niveles de soledad.
Para los especialistas, el problema no está únicamente en el uso ocasional de estas tecnologías, sino en la posibilidad de que sustituyan de manera sistemática la conexión humana real.
La doctora en Psicología Carolina Sánchez Agostini, profesora del IAE Business School y de la Universidad Austral, advirtió que la personalización extrema de cuerpos, edades, escenarios y respuestas abre preguntas éticas y psicológicas profundas.
"¿Qué ocurre cuando el deseo se acostumbra a no tener límites ni consecuencias? ¿Qué tipo de vínculo se construye con un 'otro' que no existe, pero que parece más disponible que una persona real?", planteó.
En un contexto de expansión acelerada de la inteligencia artificial, el desafío será definir cómo integrar estas herramientas sin que terminen reemplazando los vínculos humanos, especialmente en personas atravesadas por soledad, aislamiento o fragilidad emocional.