La situación en La Guaira, epicentro de la tragedia, es crítica ante la escasez generalizada de suministros y la parálisis de los servicios básicos.
A seis días del doble sismo que azotó a Venezuela el pasado 24 de junio, la ayuda humanitaria comienza a concentrarse en la desesperada necesidad de alimento y refugio. En el estado de La Guaira, definido como la "zona cero" del desastre, decenas de miles de personas permanecen en la calle tras la destrucción masiva provocada por los terremotos de magnitud 7,2 y 7,5, considerados de los más violentos en la historia de la región.
El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) ha lanzado una advertencia contundente este martes: la escasez de comida es "generalizada", los servicios básicos están paralizados y la conectividad sigue interrumpida. En Catia la Mar, los testimonios reflejan la precariedad extrema. "Estamos durmiendo en el piso", relató a la AFP Jenny Tortoza, mientras las esperanzas de hallar sobrevivientes disminuyen drásticamente.
La frustración crece entre los damnificados, no solo por la pérdida de sus hogares, sino por el acceso restringido a la asistencia. ACNUR alertó que las "tensiones comunitarias van en aumento", debido a la percepción de una gestión ineficiente y escasa por parte del gobierno.
"Aquí dan provisiones pero a veces se matan por la comida (...), ayer se entraron a golpes, es una locura", comentó Daniela Armas, una joven de 18 años que, herida en un pie, teme regresar a su edificio agrietado. Por su parte, la vendedora ambulante Yohana Álvarez denunció irregularidades en la organización: "La falta de organización es horrible. Al principio era todo muy bien, pero después empezó una mala organización que primero los propios militares agarraban sus cosas y después nosotros las sobras".
Para controlar la situación, el Gobierno ha militarizado La Guaira y establecido la obligatoriedad de un permiso especial para acceder a la zona de desastre.
La magnitud del impacto es devastadora:
Ante este escenario, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha encendido las alarmas por la "presión extrema" sobre el sistema de salud. El portavoz de la OMS, Christian Lindmeier, advirtió sobre el riesgo inminente de enfermedades prevenibles mediante vacunación, tales como el sarampión, la difteria y la tos ferina.
En respuesta a la crisis, un total de 27 países ha enviado cerca de 40 equipos de búsqueda y rescate, sumando más de 2.000 efectivos y 160 perros. Además, para facilitar el ingreso de suministros, los Marines estadounidenses reactivaron el puerto de La Guaira, el cual funciona actualmente como una morgue improvisada, mientras el principal aeropuerto de la nación permanece inoperativo.
Aunque la ventana crítica de 72 horas para hallar sobrevivientes se cerró el pasado sábado, los equipos internacionales continúan trabajando en la remoción de escombros. La ONU prevé suministrar 10.000 bolsas mortuorias, anticipando un balance final de víctimas que será trágico.
La realidad del duelo comienza a imponerse en Caracas. El único cementerio público opera a plena capacidad, con los dos hornos crematorios trabajando ininterrumpidamente y reportando entre 60 y 70 entierros diarios.
Para los sobrevivientes, la tarea de recuperar a sus seres queridos es una pesadilla constante. Sergio Vergara, de 42 años, quien perdió a sus familiares en un edificio colapsado, resumió el sentir de miles: "Fue una experiencia horrible, sacarlo a él, a sus hijos".