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Pasó 311 días en el espacio y cuando volvió descubrió que su país había desaparecido

Su historia parece salida de una novela de ciencia ficción, pero ocurrió realmente y lo convirtió en una figura única dentro de la exploración espacial.

Martes, 9 de Junio de 2026
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Pocas personas en la historia pueden decir que vieron cambiar el mundo desde el espacio. Menos aún que, mientras orbitaban la Tierra, su propio país dejara de existir. Eso fue exactamente lo que le ocurrió a Sergei Krikalev, el cosmonauta soviético que partió hacia una misión espacial como ciudadano de la Unión Soviética y regresó convertido en ciudadano de una nación completamente diferente.

Su historia parece salida de una novela de ciencia ficción, pero ocurrió realmente y lo convirtió en una figura única dentro de la exploración espacial.

En mayo de 1991, Krikalev despegó rumbo a la estación espacial Mir, el orgullo del programa espacial soviético. La misión estaba planificada para durar apenas unos meses, como tantas otras realizadas durante aquella época.

Sin embargo, mientras él vivía y trabajaba a cientos de kilómetros sobre la superficie terrestre, la situación política en su país comenzó a deteriorarse a una velocidad inesperada.

Desde el espacio seguía las noticias a través de las comunicaciones con la Tierra. Las repúblicas soviéticas declaraban su independencia, la economía se desplomaba y el gobierno central perdía cada vez más poder.

En medio de esa incertidumbre llegó un mensaje que jamás imaginó escuchar.

Desde el centro de control le comunicaron que la Unión Soviética estaba atravesando sus últimos días y que el país se encontraba al borde del colapso.

La situación obligó a tomar una decisión difícil. Podía regresar de inmediato o permanecer en la estación espacial para garantizar el funcionamiento de la Mir, uno de los últimos grandes símbolos del poder tecnológico soviético.

Krikalev eligió quedarse.

Atrapado mientras el mundo cambiaba

La crisis económica y política complicó seriamente la logística espacial. Ya no era sencillo financiar misiones ni organizar el relevo de tripulaciones.

Como consecuencia, el cosmonauta tuvo que prolongar su permanencia en órbita mucho más de lo previsto.

Mientras daba vueltas alrededor del planeta observando continentes, océanos y fronteras desde las alturas, su propia nación desaparecía lentamente.

La bandera bajo la que había partido dejaba de existir.

El último ciudadano soviético

Finalmente, en marzo de 1992, después de permanecer 311 días en el espacio y completar más de 5.000 órbitas alrededor de la Tierra, Krikalev pudo regresar a casa a bordo de una nave Soyuz.

Pero la realidad que encontró era completamente distinta a la que había dejado. Cuando había despegado existía la Unión Soviética. Cuando aterrizó, ese país ya había desaparecido y en su lugar se había constituido la Federación Rusa.

Por esa razón, la historia lo recuerda como "el último ciudadano de la URSS". Un testigo privilegiado de la historia

Más allá de los récords espaciales, el caso de Sergei Krikalev ocupa un lugar especial en la historia contemporánea.

No solo enfrentó una de las misiones más extensas de su época, sino que además fue testigo de uno de los acontecimientos políticos más importantes del siglo XX desde una perspectiva única: observando el planeta desde el espacio mientras una superpotencia se derrumbaba.

Su historia sigue siendo una de las más extraordinarias jamás vividas por un astronauta. Porque pocas veces alguien regresó de un viaje y descubrió que el país que había dejado atrás ya no existía.