La anciana pasó la mayor parte de su vida cuidando de sus siete hijos, y ya de muy mayor "invirtió" su horario.
Con su actividad disminuida, la matriarca empezó a dormir más siestas y, como consecuencia, empezó a acostarse más tarde por las noches. Con el tiempo, terminó convirtiendo su nuevo horario en un hábito diario. "Comer bien, dormir bien y disfrutar de una taza de té verde a diario es fundamental. Sin embargo, lo que realmente importa es su mentalidad. Nunca se aferra a la ira ni se toma las cosas demasiado en serio. No guarda rencor. Se podría decir que vive la vida con una claridad y una paz extraordinarias", resumió su hija.