·  
Mendoza
clima
27°C

Mundo Historia de vida

Cuarenta y un días contra el océano: la historia de la mujer que volvió del silencio del mar

Tami Oldham Ashcraft se aferró al mástil como si fuera lo único que la mantenía unida al mundo..

Martes, 25 de Noviembre de 2025
(0)

La noche antes del desastre, Tami Oldham Ashcraft se aferró al mástil como si fuera lo único que la mantenía unida al mundo. El cielo se llenó de nubarrones negros que avanzaban como animales hambrientos, y la joven -que aún no sabía que su vida estaba a punto de quebrarse- miró hacia arriba sin comprender lo que se venía. Su odisea recién empezaba: cuarenta y un días sola, a la deriva, sin motor, sin velas, sin certezas. y con la memoria y la cordura pendiendo de un hilo en medio del océano Pacífico.

En septiembre de 1983, Tami y su prometido, Richard Sharp, habían zarpado de Tahití rumbo a San Diego. Eran dos figuras diminutas sobre un velero de doce metros llamado Hazaña, llenos de víveres, mapas y sueños. Él, un británico magnético y experimentado. Ella, estadounidense, libre, valiente, enamorada de la vida náutica. Sus días transcurrían entre sal en los labios, piel tostada y planes que parecían no tener fin.

-Si tomamos la ruta norte, bordeamos las tormentas tropicales -le dijo Richard, desplegando una carta náutica.

-Suena como si estuvieras apostando -respondió Tami, riendo.

-Es el mar -cerró él-. Todo aquí es una apuesta.

Y la apuesta, esa vez, se volvió mortal.

El 12 de octubre de 1983, el huracán Raymond irrumpió en su camino: vientos de más de 225 kilómetros por hora, fuerza suficiente para arrancar de cuajo cualquier mástil. Mientras otras embarcaciones buscaban refugio, ellos decidieron seguir. La noche cayó espesa, ominosa. El barómetro avisó tarde: Raymond venía sin pactos.

-¡Agárrate! -gritó Richard.

-No te sueltes -respondió Tami, aferrada al timón.

Un golpe seco, como un puñetazo divino, la lanzó contra una pared de fibra de vidrio. Después, solo oscuridad. Cuando abrió los ojos, el océano estaba quieto. Y Richard ya no estaba.

La soledad brutal

Despertar en un océano desierto no se parece a nada. Tami gritó el nombre de Richard durante horas, hasta quedar afónica. El Hazaña era un desastre: mástil roto, motor muerto, radio arrancada, provisiones arruinadas. Ella sabía que las chances de rescate eran mínimas: estaban a más de mil millas náuticas de tierra firme.

Los primeros días fueron una neblina: un reloj marcando horas que no importaban, agua potable que se agotaba, comida que se pudría. Pero en esa frontera donde uno decide si renuncia o pelea, Tami eligió vivir.

Improvisó una vela con una sábana empapada. Revisó provisiones hasta memorizarlas. Intentó reparar la radio una y otra vez. Se aferró a una rutina mínima, casi animal.

Por las noches, el mar reflejaba estrellas que en otras circunstancias serían hermosas, pero allí eran recordatorios de lo diminutos que somos. Y en medio de esa pequeñez, siempre volvía la voz de Richard:

"Haz lo correcto. No te rindas nunca." Sobrevivió con lluvia filtrada, manteca de maní y galletas húmedas. El timón improvisado la llevaba al norte, demasiado lento. A los veinte días dejó de buscar barcos. Se estaba apagando.

Hasta que, el 22 de noviembre de 1983, vio un punto de luz. Luego otro. Luego la costa. Hawái. Cuarenta y un días después del naufragio, encalló suavemente, convertida ya en una sombra de sí misma.

Pesaba menos de 45 kilos. Su piel estaba marcada por quemaduras y cicatrices. Pero estaba viva.

Entre el duelo y el mito

El dolor por la muerte de Richard nunca la abandonó. Pero la vida le ofreció una victoria extraña y dura: sobrevivir cuando todo decía que no.

En 1998 publicó Red Sky in Mourning, un libro crudo y honesto. Su historia se volvió referencia en círculos náuticos. En 2018 llegó la película A la deriva. Hollywood suavizó esquinas, inventó momentos, cambió estructuras. Tami lo aceptó con calma:

"Es raro verte en boca de otros. Pero agradezco que la gente entienda lo que realmente fue."

Durante años no pudo volver a navegar. Los médicos diagnosticaron estrés postraumático. El huracán Raymond la siguió en sueños durante mucho tiempo. Pero un día regresó al mar, con la misma mezcla de respeto y desafío que siempre la había movido.

"Sobreviví porque él me lo pidió. Me aferré a la promesa de regresar a casa para contar la historia."

La heroína improbable del Pacífico

Hoy, Tami vive lejos de los reflectores. Es madre, escribe, da charlas, navega de vez en cuando. Algunos pescadores de Hawái todavía cuentan la historia de la joven que apareció como un fantasma en la costa, flaquísima, perdida, aferrada a la vida.

Ella lo resume mejor que nadie: "El mar es un espejo justo. Te devuelve lo que llevás dentro."