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Locales Vendimia 2026

Quién fue Guillermo Cano, el gobernador mendocino que creó la Fiesta de la Vendimia hace 90 años

La historia del "padre" de la fiesta más importante de la Argentina, que tuvo su primera edición el 18 y 19 de abril de 1936.

Jueves, 5 de Febrero de 2026

Con la llegada de 2026, Mendoza empieza a palpitar un año muy especial en lo que tiene que ver con la Fiesta Nacional de la Vendimia. No se trata solo de una nueva edición de la fiesta máxima, sino de una cifra que pesa y emociona: 90 años de historia, trabajo y celebración. En ese contexto, la Legislatura provincial sancionó una ley que busca que ese aniversario atraviese toda la vida institucional de la provincia durante 2026.

El decreto provincial 87, del 4 de marzo de 1936, originó la primera Fiesta de la Vendimia, celebrada el 18 y 19 de abril de ese año, estableciendo una tradición que perdura nueve décadas. Este decreto es el inicio de la historia de la Fiesta de la Vendimia.

Guillermo Cano fue gobernador de Mendoza entre 1935 y 1938 y fue una figura clave en la institucionalización de la Fiesta Nacional de la Vendimia en 1936. Lo propio hizo su ministro de Industrias, Obras Públicas y Riego Frank Romero Day, y juntos adoptaron -y adaptaron- la tradición europea para celebrar la cosecha de la uva y la establecieron como un evento oficial, anual y emblemático para la provincia.



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La historia suele recordar a los hombres por sus monumentos de cemento o sus grandes celebraciones, pero detrás del nombre de un barrio emblemático de la Ciudad de Mendoza o del brillo de las coronas vendimiales, late la figura de un hombre que juró su cargo ante la Corte porque la política, en 1935, no le daba respiro. Guillermo Gregorio Cano no fue solo un gobernador; fue el arquitecto de una identidad que hoy, casi un siglo después, sigue definiendo a los mendocinos.

Nacido un 24 de diciembre de 1884 en Rivadavia, Cano perteneció a esa generación de dirigentes formados en el rigor del Colegio Nacional Agustín Álvarez y en la excelencia de la UBA. Regresó de Buenos Aires con el título de doctor en Jurisprudencia bajo el brazo y una ambición clara: transformar su tierra.

El juramento solitario y la tormenta económica

Cano asumió la gobernación de Mendoza en un escenario atípico. Ante la falta de una Legislatura constituida, debió prestar juramento frente a la Suprema Corte de Justicia. No fue el único desafío institucional que enfrentó. Su gestión (1935-1938) estuvo marcada por un viento de frente económico: la vitivinicultura, motor de la provincia, sufría por el exceso de producción y un consumo estancado que amenazaba con hundir a los productores.
Bajo su mando, Mendoza vivió el colapso del Banco de Mendoza en 1938, una crisis financiera que puso a prueba su temple como exministro de Hacienda. Sin embargo, en medio del desplome bancario, Cano no dejó de construir. En 1937, colocó la piedra fundacional de las "Casas Colectivas" sobre la calle Boulogne Sur Mer. Lo que hoy todos conocemos como el Barrio Cano, fue en su momento una apuesta revolucionaria de vivienda social que buscaba dar dignidad a los trabajadores mendocinos.

Del viaje por Europa al decreto 87

Quizás su legado más vibrante nació de una observación curiosa. Junto a su ministro, Frank Romero Day, Cano había recorrido Europa fascinado por las celebraciones populares de la cosecha. Con la visión de quien entiende que un pueblo necesita símbolos para resistir las crisis, firmó en 1936 el decreto nro. 87.

Así nació la Fiesta Nacional de la Vendimia. La primera edición, el 18 de abril de ese año, fue un éxito tan rotundo que Cano comprendió que no podía ser un evento aislado. Al año siguiente, institucionalizó la fecha, creó los concursos para los afiches y hasta premios para la música original. Transformó una labor agrícola en una liturgia que hoy recorre el mundo.

"Cano entendió que la identidad mendocina era el mejor capital para enfrentar la decadencia económica de la vitivinicultura".

El adiós en el tren del recuerdo

Tras dejar el mando, Cano no buscó el retiro silencioso. Volvió a las leyes, su primer amor, ocupando cargos de altísimo prestigio en la Federación Argentina de Abogados y el Colegio de Abogados de Mendoza. Fue un jurista técnico, un hombre que escribió códigos y proyectó leyes con la misma precisión con la que administró la provincia.

Su final fue tan súbito como inesperado. El 21 de septiembre de 1939, mientras la primavera despertaba, un ataque cardíaco terminó con su vida en Buenos Aires. Tenía apenas 54 años. El regreso a su Mendoza natal fue solemne: sus restos viajaron en tren para ser velados en la antigua Casa de Gobierno de la calle Rivadavia, en el corazón de la capital que tanto transformó.

Hoy, Guillermo Cano descansa en el cementerio capitalino, pero su nombre resuena cada vez que una familia abre la puerta de su casa en el noroeste de la ciudad o cuando, cada marzo, el escenario del teatro griego se enciende para celebrar la uva. Fue el hombre de las leyes que, paradójicamente, nos enseñó a celebrar.

Foto Mendoza Antigua