Intentó cruzar a Chile con casi 34 mil dólares ocultos en su campera. Lo dejaron libre, pero nunca volvió a presentarse ante la Justicia. Hoy, pesa sobre él una orden de captura internacional.
El colectivo de la empresa Ahumada avanzaba lento por el Paso Internacional Los Libertadores. Era un día cualquiera, de esos en que el control aduanero parece rutina. Pero entre los pasajeros, uno llamó la atención: su campera tenía un gorro abultado, demasiado para el frío de la cordillera.
Los agentes del Servicio Nacional de Aduanas de Chile se acercaron. Lo que parecía una simple prenda escondía una bolsa de tela con 33.900 dólares en efectivo. El hombre, identificado como B.C.T., mendocino con domicilio en Chile, fue detenido en el acto. Sin embargo, el fiscal de turno lo dejó en libertad provisional, confiando en que se presentaría a declarar.
La cita judicial llegó, pero el acusado no. El Ministerio Público chileno pidió su detención, y el juez Raúl Valenzuela Rodríguez emitió la orden. Desde entonces, el mendocino está en fuga, y el caso se convirtió en un ejemplo de cómo una infracción aduanera puede escalar a una causa penal internacional.
En Chile, ingresar más de 10 mil dólares sin declarar es considerado contrabando. Pero más allá de la cifra, lo que sorprende es la audacia: esconder el dinero en la capucha, cruzar la frontera en colectivo, y luego desaparecer como si nada.
La historia de B.C.T. no es solo la de un intento fallido de contrabando. Es también la de una frontera que, aunque vigilada, sigue siendo escenario de pequeñas fugas, silenciosas y calculadas. Y de una Justicia que, entre trámites y protocolos, aún busca al hombre del gorro abultado.