El presidente estadounidense aumenta la presión sobre Londres para que incremente su participación en el gasto de la defensa de la OTAN.
Donald Trump volvió a colocar la cuestión Malvinas en el centro de la escena internacional, esta vez como parte de su estrategia de presión sobre el Reino Unido para que incremente su gasto militar dentro de la OTAN y acompañe con mayor firmeza la política exterior de Washington, especialmente frente al conflicto con Irán.
El presidente estadounidense dejó abierta la posibilidad de revisar el respaldo de Estados Unidos a Londres en relación con las Islas Malvinas, aunque evitó confirmar un cambio concreto en la postura histórica de su país.
Consultado por periodistas en el Despacho Oval, Trump aseguró que revisa permanentemente las posiciones de Estados Unidos y evitó dar precisiones sobre el futuro del vínculo con el Reino Unido en este tema.
La declaración fue interpretada como una señal de presión hacia el nuevo gobierno británico encabezado por Andy Burnham, que mantiene diferencias con Washington respecto del nivel de inversión en defensa.
Trump pretende que los países integrantes de la OTAN destinen alrededor del 5% de su Producto Bruto Interno al gasto militar. Sin embargo, el Ejecutivo británico proyecta llegar apenas al 3% hacia 2030, una cifra que desde la Casa Blanca consideran insuficiente.
En ese escenario, medios británicos ya habían advertido que Washington evaluaba utilizar la cuestión Malvinas como una herramienta de negociación frente a Londres.
La presión estadounidense no estaría vinculada únicamente con el financiamiento de la OTAN. También existe malestar por la decisión británica de no acompañar plenamente la estrategia de Estados Unidos en la guerra contra Irán, una postura compartida por varios gobiernos europeos.
El analista internacional Mauro Enbe sostuvo que la referencia a Malvinas debe entenderse principalmente como una herramienta diplomática para exigir mayor alineamiento político del Reino Unido con Washington.
Según explicó, el archipiélago tiene un peso estratégico particular por su ubicación en el Atlántico Sur y por la presencia militar británica en la zona.
Pese a las declaraciones de Trump, los especialistas consideran poco probable que Estados Unidos modifique su posición histórica. Washington mantiene formalmente una postura de neutralidad sobre la disputa de soberanía, aunque reconoce la administración británica de las islas.
La buena relación política entre Trump y Javier Milei tampoco sería suficiente, por sí sola, para producir un giro profundo en la política estadounidense sobre Malvinas.
Desde el Centro de Ex Combatientes de Islas Malvinas de La Plata también relativizaron la posibilidad de un cambio. Ernesto Alonso sostuvo que las declaraciones forman parte de una estrategia de presión sobre el Reino Unido y advirtió que la posición estadounidense históricamente estuvo más cerca de Londres que de Buenos Aires.
Alonso señaló además que el interés estratégico sobre el Atlántico Sur excede la discusión por la soberanía. En ese escenario aparecen el fortalecimiento militar británico en las islas, la explotación de recursos pesqueros y petroleros y la proyección hacia la Antártida.
También vinculó estos movimientos con el interés de Estados Unidos por ampliar su presencia logística en el extremo sur de la Argentina.
Por ahora, las palabras de Trump no implican una modificación formal de la política exterior estadounidense sobre Malvinas. Sin embargo, vuelven a mostrar cómo el conflicto de soberanía puede convertirse en una herramienta dentro de las negociaciones geopolíticas entre Washington y Londres.