El Presidente ratificó a su jefe de Gabinete pese al ruido público y ordenó una agenda intensa para reposicionarlo. En la Casa Rosada minimizan el impacto en la imagen presidencial, aunque admiten desgaste. El foco se corre a la economía.
En el entorno más cercano a Javier Milei circula una pregunta que, al mismo tiempo, contiene su propia respuesta: cuánto más puede durar el affaireAdorni. En la Casa Rosada creen que el episodio todavía condiciona la agenda oficial, pero confían en que el impacto será acotado y que podrá superarse en los próximos días.
El Presidente está decidido a sostener aManuel Adorni como jefe de Gabinete. Aunque el escándalo generado en torno al vocero presidencial se instaló en la conversación pública y todavía no logra disiparse, en el oficialismo consideran que no tendrá efectos duraderos sobre la gestión.
Los funcionarios más cercanos a Karina Milei sostienen que Adorni no incurrió ni en un delito ni en un error grave. Sin embargo, admiten que las dificultades para explicar las denuncias lo debilitaron políticamente. Ese deterioro, reconocen, obligó a activar un esquema de contención y control de daños.
En ese marco, Milei lo recibió en la Quinta de Olivos y dejó trascender un respaldo total. El gesto se reforzó con una imagen pública: lo abrazó de manera efusiva durante el acto de homenaje a los caídos en Malvinas. Además, el Presidente le diseñó una agenda intensa para los próximos días. Adorni encabezará este lunes una reunión de todo el Gabinete y, entre ese día y el miércoles, mantendrá encuentros con tres ministros.
En paralelo, en el oficialismo analizan el impacto del caso en la opinión pública. Hace una semana se difundió una encuesta de la consultora CB, de Cristian Buttie, que mostró una caída de 20 puntos en la imagen de Adorni, quien aspira a ser jefe de Gobierno porteño. No es un dato menor: se trata de un encuestador que anticipó con alta precisión los resultados electorales de octubre.
A partir de ese informe, en la Casa Rosada revisaron mediciones de distintas consultoras para evaluar si el tema también afectó la imagen presidencial. La conclusión fue que el daño sobre Milei es limitado. Según la encuesta de CB realizada en marzo, el Presidente registró una caída de 4,5 puntos.
El dato central, sin embargo, pasa por otro lado. La principal preocupación de los consultados sigue siendo económica: el 46% señaló a los bajos salarios y la pérdida de poder adquisitivo como el principal problema. En ese contexto, en el Gobierno concluyen que el caso Adorni no representa un golpe significativo para la figura presidencial.
Aun así, reconocen que se trata de un tema instalado en la calle que opaca los logros de la gestión y dificulta retomar la iniciativa política. Nadie en el entorno de Milei plantea la salida del jefe de Gabinete. El objetivo es, en cambio, administrar la crisis hasta que pierda centralidad.
La estrategia oficial apunta a cambiar el eje. El Gobierno busca volver a poner en primer plano dos hechos que considera hitos recientes: el fallo de la justicia estadounidense que revocó la condena contra la Argentina por 16.000 millones de dólares y la baja del índice de pobreza al 28,2%, según el INDEC. "Dato mata relato", celebró Milei.
Para el Presidente, esos resultados deben funcionar como punto de partida para el último tramo de la gestión. En esa línea, la apuesta es doble: reforzar la acción de gobierno y avanzar con la agenda legislativa.
Por un lado, se busca mostrar a Adorni al frente de la gestión, con protagonismo en reuniones de Gabinete y encuentros con ministros. Por otro, el oficialismo intenta ordenar el frente parlamentario: constituir la Bicameral de Inteligencia, con Sebastián Pareja -un dirigente cercano a Karina Milei- al frente, y avanzar con la aprobación de la ley de glaciares prevista para el miércoles.
Además, el Gobierno proyecta impulsar un paquete amplio de leyes antes del Mundial. El calendario juega a favor: en junio la actividad política entra en pausa y luego quedará un período breve antes del inicio de la etapa electoral.
En paralelo, persisten otros frentes de tensión. Uno de ellos es la decisión de varios jueces laborales de frenar la reforma impulsada por el Ejecutivo. A pedido de la CGT, un magistrado dictó una medida cautelar que suspendió la aplicación de 82 artículos de la ley de modernización laboral, aprobada por amplia mayoría en el Congreso y considerada un eje de la gestión.
Pero la principal preocupación sigue siendo la economía. El ministro Luis Caputo ya anticipó que la inflación de marzo será superior al 3%. Al mismo tiempo, comienzan a registrarse remarcaciones de precios y la UIA informó una caída del 3% en la producción industrial.
Caputo reiteró que no habrá devaluación, aunque reconoció que la recuperación no se distribuye de manera homogénea. "El crecimiento del PBI y del consumo no está llegando a todos al mismo tiempo", admitió. Algunos sectores todavía no perciben mejoras y empiezan a preguntarse cuándo verán los efectos del programa económico.
La respuesta oficial se mantiene sin cambios: el Gobierno sostiene que corrigió los desequilibrios macroeconómicos y que ahora la adaptación depende de cada empresa y de cada individuo.
Mientras tanto, el Ejecutivo intenta evitar un rebrote inflacionario. En los últimos días adoptó medidas para contener el precio de los combustibles: promovió un acuerdo de compensación entre petroleras y refinadoras, redujo el precio del biodiésel, postergó el cobro del Impuesto a los Combustibles Líquidos y habilitó cortes con hasta 15% de biocombustibles.
Se trata de un paquete orientado a evitar que una suba en las naftas impacte en el índice de precios de abril. En ese equilibrio entre gestión, economía y política, el Gobierno busca dejar atrás el affaire Adorni y recuperar el control de la agenda.