En la Apertura de Sesiones Ordinarias del Congreso, el Presidente se enfocará en un nuevo enemigo: un sector del empresariado que para él representa un modelo cultural a extinguir.
El martes a las 9 de la mañana, en la primera reunión de gabinete del año, con la asistencia perfecta de todos los ministros alrededor de la mesa, -además de Karina, Santiago Caputo, Martín Menem y el titular del Banco Central-, Javier Milei hizo lo que más le gusta en sus conversaciones: hablar de Economía.
Más de un funcionario se ha pasado horas con el Presidente escuchándalo desandar pensamientos enrevesados sobre variables y modelos económicos. A algunos, les fascina y otros se pierden. Esta vez, lo entendieron clarísimo. Sin límite de tiempo, desarrolló en detalle lo que al día siguiente publicó en redes y profundizará el domingo en su discurso de Apertura de Sesiones Ordinarias del Congreso de la Nación: la descripción de un nuevo enemigo, un sector del empresariado que para él representa un modelo cultural a extinguir.
"Empresaurios", les dijo y lo repitió y repetirá en los próximos días refiriéndose a lo que él cree que son industrias crecidas sólo al amparo del subsidio estatal provocadoras de precios altos y esquemas de ficción, porque -siempre según su razonamiento- no pueden sobrevivir sin la ayuda del Estado.
Es una batalla que comparte dogmáticamente con Federico Sturzenegger, que lo escuchaba con fascinación en el Salón Eva Perón y que fue también quién se encargó en redes de sumar argumentos al tuit presidencial. Es cierto que la confesión del dueño de una cadena de gomerías, Roberto Méndez, reconociendo que en su rubro, fabricantes y empresarios "estábamos robando con el precio de las cubiertas" gatilló la decisión oficial de acelerar en el núcleo de la tormenta que provocó el cierre de una planta con 920 familias sin trabajo y la visibilidad de la preocupación de los argentinos por mejorar su economía personal y mantener o conseguir un empleo. Es un punto medular de esta gestión. La que definirá la diferencia entre la teoría y la práctica. Será, si se quiere, la principal batalla cultural del domingo, cuando a las nueve de la noche empiece la cadena nacional.
Se sabe que el Presidente hará foco también en una gran reforma electoral -con la búsqueda de la eliminación de las PASO y cambios en las normas de financiamiento partidario-, también habrá anuncios sobre cambios en el código penal, un proyecto que circula desde hace tantos años como la baja de la edad de imputabilidad.
Más allá de la carga simbólica del discurso y los anuncios de proyectos, la mesa política libertaria sabe que sólo tiene seis meses para seguir con el festival de éxitos que cosechó en el verano. La cuenta quedó saldada: Presupuesto, Inocencia Fiscal, Reforma Laboral, Baja de la Edad de Imputabilidad, Acuerdo Mercosur-UE y modificación de la ley de Glaciares, un movimiento que -como contamos acá la semana pasada- se trató con sigilo, esquivando concienzudamente que tome la discusión pública.
Si lo sabrá CFK que vetó en 2008 una ley proteccionista -en línea con la posición de este Gobierno- que habían escrito sus diputados Miguel Bonasso y Pino Solanas y que había sido aprobada después de un gran debate público sobre la trascendencia ambiental del cuidado de los glaciares y sus entornos. CFK la vetó y mandó a constituir una comisión para que estudiara más profundamente el tema. Un clásico. Finalmente en 2010 la norma -que ahora se está modificando- fue discutida y aprobada. Siempre, detrás de este tema, está el interés de los gobernadores de las provincias mineras y los dólares que prometen traer en los mega proyectos de inversión que se vienen anunciando con el RIGI.
Por detrás del discurso, habrá prioridades menos visibles. El diseño del 2027 ocupa casi todas las planificaciones del poder. Si hay algo que la reunión de la mesa política libertaria hizo esta semana, envuelta en el paraguas de discutir las "50 reformas estructurales" que anunció Adorni, es definir prioridades dentro de este semestre que tienen de gracia para sostener esta exitosa avanzada legislativa.
En ese lapso, se enfocarán en la reforma electoral pero también hay otras necesidades como resolver el conflicto por la ley de financiamiento universitario, tratar de lograr una reforma al código penal y un pendiente lleno de aristas: el issue judicial. Mandarán sin dudas pliegos por las vacantes de jueces federales, pero, ¿darán la pelea por las dos vacantes en la Corte y el puesto de Procurador?
Suceden en estos días versiones adrenalínicas sobre cuándo, cómo y quién sucederá a Mariano Cúneo Libarona en el Ministerio de Justicia. Es una encrucijada aburrida para el consumo masivo pero apasionante en los pasillos del poder. La estrategia judicial fue, hasta ahora, monopolizada por Santiago Caputo con el aval presidencial.
El ministro de Justicia, se sabe, siguió a pedido de Karina hasta marzo en su puesto. Es un lugar simbólico, hace rato que no decide nada pero tampoco estaba interesado en continuar. Es muy posible que esa definición se dé la semana que viene pero lo que importa no es tanto el hecho en sí, sino quién será el reemplazo.
Ese resultado puede definir si es un ministerio caputista o karinista. "El Presidente se va a ocupar de que no haya ganadores en esa designación", dice alguien que habla con el mandatario. Es curioso. Hay movimientos raros. Para los Menem, que entre Guillermo Montenegro -exfiscal y juez federal, además de recién renunciado intendente de MDQ y flamante senador provincial- sería una victoria caputista.
Es engañoso pero eso los empuja a pensar en correr entonces a Sebastián Amerio, un funcionario silencioso que responde al asesor presidencial, pero respetado entre jueces y legisladores. Algunos miran por qué finalmente Santiago Viola -abogado karinista- fue retirado como opción por los liberarios para la AGN. ¿Quieren buscarle una posición de bajo perfil en el ministerio?
Todas versiones que desatan internas y paranoias. Como los candidatos a jueces de la Corte y procuradores. Karina mandó a decir que no serán prioridad en este semestre. No es necesariamente la idea de Santiago Caputo que trabaja para conseguir los dos tercios sin el peronismo y promover a dos acádemicos libertarios como magistrados del Máximo Tribunal.
Es interesante lo que está pasando entre los senadores peronistas con el acecho libertario. El peso del kirchnerismo en esa ecuación podría desequilibrarse según sea la volutand del santiagueño Gerardo Zamora, una pieza crucial para torcer o hacer valer que el oficialismo consiga un posible histórico número para aprobar por ejemplo, a los cortesanos. Esta misma semana, el exgobernador tuvo una reunión interesante donde se empezó a planificar una movida que probablemente incomode a José Mayans y Anabel Fernández Sagasti. ¿Será Zamora el líder de un nuevo interbloque?
El domingo es también el momento estelar de la gestualidad entre Milei y Victoria Villarruel, que constitucionalmente preside la sesión pero que esta vuelta sólo pudo, desde el Senado, cursar las invitaciones formales. Todo lo demás, por primera vez en la historia, pasó a manos de Sharif Menem, el secretario del Presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem.
La costumbre indica que el Senado organiza y Diputados presta el recinto al otro cuerpo para este evento. Ahora Sharif, que también es sobrino de Lule, la mano derecha de Karina, se ocupó de los detalles. Hay que prestar atención también a la coreografía de los Peaky Blinders el domingo, el grupo de las Fuerzas del Cielo, que seguramente desconfían de los encargados de la transmisión televisiva de la cadena nacional. ¿Quién decide a quién ponchan y a quién no? A esta hora, son los Menem. La política interna se jugará en esos planos.
El Gobierno llega a este trámite legislativo con una condición que puede sonar oxigenada pero muchas veces es peligrosa. A esta hora, nadie ocupa el lugar de oposición influyente. El peronismo más que reorganizarse, muestra escenas de canibalismo.
Para eso apenas es necesario mirar un ratito a la provincia de Buenos Aires que vivió una rosca infinita para designar las autoridades del Senado que preside la vicegobernadora Veronica Magario, pero que con las vicepresidencias de la Cámara define también la línea de sucesión provincial.
Magario abrió en diciembre un chat con los de todas las facciones peronistas del recinto que este año tiene adentro a pesos pesados como Sergio Berni, Fernanda Raverta, Malena Galmarini y Mario Ishi entre otros.
Es cómico como escribió "hola a todos" y ya en enero se enmudeció el chat. Apenas Malena tira cada tanto un: "¿hablamos?" que nadie responde salvo por privado. En el medio de esa descoordinación y desconfianza, ayer se abrió la sesión para designar autoridades y se llamó instantáneamente a un cuarto intermedio que se fue prorrogando hasta casi las 12 de la noche cuando hubo mayoría para designar al único senador que el gobernador pidió expresamente que no sea: el hombre del poncho, Mario Ishi.
En Diputados, le pasó algo todavía peor. Lo preside un kirchnerista y hay un camporista de vice. Así, el martes próximo, cuándo él también vaya a inaugurar las sesiones ordinarias de la Legislatura bonaerense, estará escoltado por su vice, y al lado, sus enemigos.