El Kremlin trasladó sistemas antiaéreos para proteger la capital y la residencia presidencial de Valdái.
Rusia comenzó a redistribuir parte de sus sistemas de defensa antiaérea para reforzar la protección de Moscú y de la residencia del presidente Vladimir Putin en Valdái, en respuesta al creciente éxito de los ataques con drones lanzados por Ucrania contra objetivos situados a cientos de kilómetros del frente de batalla.
Según Zelensky, el traslado de baterías antiaéreas hacia la capital rusa y otros puntos considerados estratégicos demuestra que los recientes bombardeos ucranianos están teniendo un impacto significativo sobre la capacidad defensiva de Rusia. El mandatario sostuvo que este redespliegue deja menos protegidas otras regiones del país, aumentando su vulnerabilidad frente a nuevos ataques de largo alcance.
Los drones ucranianos han alcanzado refinerías, depósitos de combustible, centros logísticos y otras instalaciones consideradas esenciales para sostener el esfuerzo bélico de Moscú. Esta estrategia busca debilitar la capacidad logística rusa y obligar al Kremlin a destinar más recursos a la defensa del territorio nacional.
Uno de los puntos que ahora recibe protección reforzada es Valdái, donde se encuentra una de las residencias más utilizadas por Vladimir Putin fuera de Moscú. Junto con la capital y el puente de Kerch, que conecta Rusia con la península de Crimea, estas instalaciones pasaron a ser consideradas prioridades para la defensa aérea rusa frente al aumento del alcance de los drones ucranianos.
Durante gran parte de la guerra, Moscú permaneció relativamente alejada de los combates, pero el desarrollo de nuevos drones y misiles ucranianos ha permitido llevar la guerra al interior de Rusia. En los últimos meses, incluso la capital rusa dejó de ser considerada una zona completamente segura, con repetidos ataques que obligaron al cierre temporal de aeropuertos y provocaron daños en infraestructura estratégica.
La intensificación de estos ataques también evidencia la creciente capacidad tecnológica de Ucrania. Kiev ha desarrollado nuevos sistemas de largo alcance capaces de impactar objetivos situados a más de mil kilómetros de distancia, incrementando la presión sobre el Kremlin y obligándolo a redistribuir recursos militares que anteriormente protegían otras regiones del país.
Mientras Rusia fortalece la defensa de Moscú y de las instalaciones vinculadas a Putin, la campaña ucraniana continúa ampliando su radio de acción. El resultado es una guerra que ya no se limita al frente de combate, sino que alcanza cada vez con mayor frecuencia el corazón del territorio ruso, obligando al Kremlin a replantear su estrategia defensiva frente a una amenaza aérea cada vez más sofisticada.