En una charla a fondo, el referente del sector mayorista analiza el cambio de mentalidad del consumidor frente a la estabilidad inflacionaria, la paradoja de un mercado laboral con vacantes que cuesta cubrir y por qué la riqueza de Argentina no logra derramar en el sistema productivo.
¿Cómo describirías este inicio de año en comparación con el anterior? Se perciben muchos vaivenes económicos.
- Con expectativas. Teníamos la idea de que todo se estabilizara, pero la situación global y los coletazos de la guerra modificaron variables que siempre terminan golpeando a las economías más débiles. Si esto continúa, impactará en los precios de energía, transporte y petróleo, generando mayores costos. Estamos yendo día a día, sorteando lo que sucede y tomando decisiones sobre la marcha. Lo positivo es que hay una estabilidad relativa que nos ayuda a mejorar.
- Ustedes están en lo que llaman "la línea de batalla". ¿Cómo cambió el termómetro de precios desde que asumió Milei comparado con los años agitados de antes?
El juego cambió totalmente en poco tiempo. Lo que hemos visto en el último año es que los "precios especulativos" o los aumentos "por las dudas" se han despejado del costo, y eso es muy bueno. Hoy no vemos una disparada grande; aunque convivimos con un 3% permanente, no son los números de antes. Tampoco vemos a futuro algo que se dispare, salvo que el tema energético se complique. Tanto las empresas como la gente nos estamos adaptando a un sistema opuesto al que conocíamos.
- Un clásico del consumidor argentino era el "estoqueo". ¿Esa desconfianza de que mañana todo será más caro se está perdiendo?
Hoy el cliente para estoquearse tiene que tener un muy buen precio o que le convenga. El cliente hoy se para frente a la góndola, saca los números, saca las cuentas y ve que no hay un salto tan grande de un mes al otro. Cuando tiene una oferta, ahí sí se estoquea porque sabe que ese precio es difícil que se repita. Ya no vemos esa cantidad de gente desesperada por gastar los pesos; hoy eligen bien: si compran en cuotas, si es el día del vencimiento de la tarjeta... en eso los argentinos estamos muy entrenados. Y eso nos obliga a nosotros y a las empresas a ser muy ágiles, porque el cliente ya no te perdona más una suba sin justificación. Te sanciona buscando otro lugar.
- ¿Qué le cuenta el vendedor minorista, que es el que da la cara al consumidor final? ¿Cambiaron los hábitos en los barrios?
El minorista también está muy entrenado para saber qué llevar, cómo y cuándo. Ellos ven con preocupación la caída del consumo, pero ojo: no del consumo de primera necesidad. Fideos, arroz, leche, queso, harina... ahí no vemos caída. Lo que ha caído son las cosas de "segunda necesidad", esos gustos que te das cuando estás bien económicamente. Hay cambios de hábitos, como en las bebidas que han tenido una caída, pero lo básico se mantiene firme.
- Respecto a las marcas, ¿es el momento de las segundas marcas o las líderes siguen mandando?
Mirá, nosotros hablamos de "segunda marca" por protagonismo, pero no hay tanta diferencia de calidad. Lo interesante es que cuando hay estabilidad, la brecha de precios se acorta. La primera marca tiene ventajas para comprar volumen y costear mejor, mientras que la segunda marca a veces no llega al crédito. Pensá que para una empresa chica, pagar un 40% de interés es mucho si no tiene acceso a crédito internacional de 3 puntos en dólares. De todas maneras, el cliente hoy analiza todo. Antes estaba esa historia de "no te cambio el shampoo o el jabón de la ropa por el olor", pero hoy el cliente prueba alternativas de forma permanente. Esa idea de "mi marca va a seguir vendiendo" se ve cada vez menos.
- Hace poco un economista decía que hoy el problema no es solo la inflación, sino que el sueldo no alcanza. ¿Coincide con ese diagnóstico?
- Hay que mirar la película entera. En el primer mundo, con un solo ingreso en un hogar tampoco alcanza. He hablado con chicos que se fueron al exterior y están volviendo porque se fueron a vivir de a cinco o seis en un departamento para ahorrar y no podían. Tenemos que generar más fuentes de trabajo para que al hogar entre más de un sueldo. Es difícil lograr un buen pasar con uno solo, sobre todo si es un sueldo en negro o del Estado, que son menores a los del sector privado. Y hay que decir las cosas aunque nos pongamos colorados: la emisión sin respaldo para cubrir todo eso se termina pagando. Es como si me liberás la tarjeta de crédito: voy a consumir y no voy a trabajar, total gasto indefinidamente. El tema es cuando la tengas que pagar. En algún momento hay que sentarse y pagar.
- Usted mencionó en varias oportunidades la dificultad para encontrar personal, a pesar de que hay mucha gente buscando empleo. ¿Cuál es la falla?
Es una realidad diaria. Por un lado, tenés gente que hace cinco años no trabaja porque vivía de subsidios, y por otro, tenés una carencia total de oficios. Necesitás un plomero, un lustrador de muebles o un panadero y no hay. Argentina es una economía pobre en ingreso per cápita, estamos en el puesto 80 del mundo, pero nos creemos del primer mundo porque somos campeones de fútbol. No somos un país rico; tenemos recursos, pero el país rico es el que tiene tecnología y recursos humanos preparados.
- Es una contradicción total: sobra gente pidiendo empleo, pero faltan trabajadores para los oficios.
Es que no nos tenemos que olvidar de que somos una economía pobre en comparación al resto del mundo. Estamos en el puesto 70 u 80 en ingreso per cápita. Creemos que porque somos campeones del mundo en fútbol estamos en el primer mundo, y no es así. El país rico es el que tiene tecnología y recursos humanos preparados. Argentina genera riqueza y da rentabilidad, pero esa riqueza muchas veces no queda acá, se dispara. Tenemos que cambiar la cabeza y eso lleva tiempo.
- ¿Estamos preparados para grandes proyectos, como el desembarco minero en la región?
- Si mañana las minas empiezan a generar trabajo, ¿estamos preparados? No van a poder tomar a la gente porque no hay preparación. Vamos a necesitar soldadores, electricistas... y vendrá gente de otros lados. Es ilógico que en un país con gente sin trabajo tengamos que traer gente de afuera. Hay universidades preparando chicos para trabajos que no van a existir más.
- ¿Y qué responsabilidad le toca al empresario en este cambio de mentalidad?
- Mucha. Si yo como empresario no abro la cabeza, me voy a fundir, y lo primero que voy a hacer es echarle la culpa al gobierno. Pero el mundo va para otro lado. Si yo sigo haciendo mi producto igual y no mejoro mi industria, no voy a poder competir. Hay empresarios que se compran una Toyota o un departamento acá y no mejoraron su industria porque no ven el futuro. Tenemos que ser responsables. Hay que enseñar la "educación del trabajo": presencia, horario, responsabilidad. Eso se perdió y las empresas no tenemos tiempo de enseñar lo que no se aprendió en la primaria. Es como si en la facultad tuviera que enseñar a leer y escribir.
- Para cerrar, Rubén, ¿por qué cree que nos cuesta tanto salir adelante a pesar de las oportunidades?
- Porque queremos ir por el camino corto, y el camino corto no existe. Queremos ir de la primaria a la universidad sin escalas. En el fútbol se ve claro: cuando un equipo serio se puso a trabajar y puso las cosas en orden, tuvo éxito. En Argentina lo que no entendemos es que todo lo "gratis" alguien lo paga. El esfuerzo no lo hace la política, lo hace la gente. El político lo que hace es distribuir ese esfuerzo; con la de él nunca hace nada. Si queremos salud y educación pública de calidad, hay que agrandar la base de empresas que aporten y generen mejor empleo. Argentina es un país que genera muy buenas oportunidades rápido, mucho más que en otros lugares del mundo, pero hay que tener compromiso, pensar, estudiar y trabajar. No se es millonario de un día para otro porque el de al lado lo hizo.