El revelador informe de la Fundación Mediterránea sobre el horizonte productivo de la provincia
Según el artículo de la Fundación Mediterránea titulado "Mendoza: el desafío no es cambiar de matriz, sino aprovechar mejor sus ventajas, la provincia atraviesa un desafío productivo relevante. La economía mendocina se encuentra en una encrucijada, enfrentando la declinación de sectores tradicionales como el petróleo y la vitivinicultura, y la lenta emergencia de la minería como alternativa. Si bien el estancamiento nacional ha sido un factor determinante, la provincia busca redefinir su estrategia productiva para los próximos años.
Mendoza, conocida por sus paisajes de montaña y sus vinos de renombre, atraviesa un período de incertidumbre económica. El motor de su desarrollo, históricamente impulsado por la producción de bienes, muestra signos de desaceleración. El petróleo, que alguna vez fue un pilar fundamental, exhibe una tendencia declinante, mientras que la vitivinicultura enfrenta un panorama global menos favorable, con una disminución del consumo global y local.
En este contexto, la minería se presenta como una alternativa prometedora, con el potencial de atraer inversiones, generar exportaciones y estimular la demanda de proveedores locales. Sin embargo, su avance es lento y sus efectos no serán inmediatos. Los proyectos mineros, que requieren largos plazos de inversión, permisos y desarrollo de infraestructura, podrían comenzar a impactar la economía provincial a partir de 2030, con estimaciones que sugieren la duplicación de las exportaciones y la generación de empleo indirecto. No obstante, la experiencia de Neuquén con Vaca Muerta, que logró un crecimiento del 60% en quince años, plantea la disyuntiva de apostar por una concentración productiva o buscar una mayor diversificación.
La producción mendocina se estructura en tres grandes bloques. Los bienes, que incluyen la industria (vinos, refinación de petróleo, agroindustria), la minería (extracción de petróleo) y el agro, representan aproximadamente el 36% de la actividad y son clave para generar ingresos externos. Los servicios, que constituyen cerca del 58%, tienen un mayor peso en el empleo y una fuerte dependencia del mercado interno. El 6% restante corresponde a la construcción, electricidad, gas y agua.
La interdependencia entre estos sectores es crucial: por cada empleo directo en la producción de bienes, se estima que se generan dos en el sector servicios. Esta relación explica la preocupación ante las dificultades de los sectores primarios, que podrían arrastrar al resto de la economía.
Tres tendencias principales impactan en la provincia. A nivel mundial, el aumento de los ingresos se traduce en un mayor peso de los servicios en el gasto de los hogares y una menor necesidad de empleo directo en la producción de bienes. En Argentina, los altos costos en dólares afectan la competitividad de los sectores transables. A nivel provincial, la disminución del consumo de vino y la pérdida de peso del petróleo se suman a estos desafíos.
Si bien estas tendencias golpean con mayor fuerza a la producción de bienes, el sector servicios tampoco está exento de restricciones. El ajuste fiscal a nivel nacional y el avance del comercio digital y la inteligencia artificial a nivel global plantean nuevos retos para la prestación de servicios en Mendoza.
La masa salarial privada neta de inflación, utilizada como indicador de la actividad provincial, muestra que Mendoza alcanzó un pico en 2013 y luego declinó, reflejando una dinámica similar a la del estancamiento nacional de los últimos quince años. Este dato sugiere que, más allá de las debilidades estructurales en la producción de vino y petróleo, el contexto macroeconómico nacional ha sido un factor determinante en el freno al crecimiento.
La capacidad de Mendoza para modificar su estructura económica depende de tres factores. Sus recursos naturales, que incluyen el petróleo (en declive), el potencial minero (en desarrollo), la vitivinicultura, la fruticultura y el turismo, son la base sobre la que se asienta la economía. El desafío es mantener la competitividad de estos últimos.
En segundo lugar, su localización estratégica como nodo del oeste argentino, con cercanía a Neuquén (Vaca Muerta) y San Juan (minería), y su potencial como corredor bioceánico y vínculo con Brasil y Chile, ofrecen oportunidades para el desarrollo. Finalmente, la sociedad mendocina, con su escala intermedia, calidad de vida y servicios desarrollados, puede atraer personas, empresas y actividades de mayor valor agregado.
Si bien la política provincial no puede modificar las tendencias globales o la macroeconomía argentina, sí puede influir en los costos y las condiciones locales. Los ejes de acción deben orientarse hacia la reducción de la burocracia para facilitar la inversión, la mejora de la infraestructura (rutas, conectividad, energía, agua, logística) para impulsar actividades transables, el aumento de la seguridad y la mejora de los servicios públicos para atraer inversiones y habitantes, y el establecimiento de una carga tributaria razonable para no encarecer la producción.
En breve, Mendoza se enfrenta a un importante desafío productivo. La solución no reside en un cambio radical de su matriz económica, sino en aprovechar mejor sus ventajas existentes y reducir los costos que dependen de la gestión provincial. La minería, si bien promete, no será la panacea inmediata, y la diversificación sigue siendo una clave para la estabilidad y el crecimiento a largo plazo.