En el marco de la inauguración de la nueva sede de ADEN Business School en Mendoza, el economista jefe de Invecq, Matías Surt, analizó la profundidad de la recesión, el impacto en el sector pyme y las perspectivas de una reactivación impulsada por el agro y la energía.
ADEN Escuela de Negocios celebró la reapertura de su renovado y moderno espacio en Rioja 460, Ciudad, un evento que reunió a los principales referentes del ámbito empresario y académico local. En este entorno de networking, uno de los disertantes centrales fue Matías Surt, director y economista jefe de Invecq Consultora Económica. Antes de su exposición sobre los desafíos del escenario actual, Surt dialogó sobre la coyuntura, marcando una hoja de ruta para entender hacia dónde va la actividad económica en medio de un contexto de transformación.
El escenario social es crítico y el sector productivo lo siente: ya han cerrado más de 20.000 pymes. ¿Considera que esta situación es un fenómeno puramente coyuntural o responde a algo más profundo en la macroeconomía?
Cuando hablamos de empleo y empresas, nos estamos refiriendo en distintos términos a la actividad económica: si estamos creciendo, estancados o en recesión. Esa respuesta hoy es un poco más compleja por la naturaleza y la caracterización que tiene la composición del PBI en este momento. Al inicio de la gestión actual, entre finales de 2023 y principios de 2024, la economía ya estaba en recesión y ese proceso se profundizó en los dos primeros trimestres, que fueron fuertemente recesivos. Hay otro tema más preocupante y es que aquel que tiene empleo no gana lo que ganaba antes. Ese es el problema. Los salarios están reprimidos. Hoy no es un problema la desocupación, sino los bajos salarios. Ahora la inflación se volvió a acelerar y se siente más en el bolsillo que en la desocupación.
¿Cuándo estima que se detuvo esa caída y qué tendencia observa ahora?
Hacia la mitad de 2024 la actividad económica tocó un piso. Esas caídas tan fuertes se amortiguaron un poco y comenzó un cambio que se extendió hasta los primeros meses de 2025. Sin embargo, la recuperación es bastante asimétrica. No todos los sectores reaccionan igual; mientras la industria automotriz, la manufactura y el consumo textil han sufrido mucho, hay sectores como el agro, el petróleo y el gas que están empujando la actividad.
Mencionó sectores clave. ¿Cómo cree que evolucionará esta dinámica hacia 2026?
El agro seguirá siendo una de las locomotoras que empuje en el 2026. También vemos sectores como el inmobiliario y la construcción de inmuebles que empiezan a dar señales de movimiento. Lo que estamos viendo es un proceso de normalización tras atravesar un periodo de déficit y de tasas de interés muy altas. Argentina está intentando transitar desde un escenario negativo hacia uno de mayor estabilidad, aunque todavía hay mucha incertidumbre y factores que golpean el programa financiero, como el nivel de reservas propias.
El tema del financiamiento ha vuelto a la agenda, especialmente con la reaparición de créditos. ¿Qué impacto real puede tener en el mercado inmobiliario?
El financiamiento es un tema central e importante. Para que tengan una idea, tras años de inflación y falta de crédito, se eliminó la capacidad de ahorro y se generó una brecha que hace que hoy un asalariado promedio no pueda adquirir ni medio metro cuadrado. El crédito hipotecario es fundamental para que el sector inmobiliario y la construcción de viviendas se reactiven de forma masiva. Hoy se necesita una recuperación del salario real para que el acceso sea posible para un sueldo promedio.
Usted menciona que algunos sectores "quedan nicho" o muy chicos. ¿Qué pasa con el desempeño de la industria que no está ligada a la energía?
Ese es el desafío. Hay sectores que quedan como nichos de moda o muy pequeños. La industria grande, como la automotriz o la de consumo masivo, todavía no ha retomado la senda de recuperación que sí vemos en Vaca Muerta o en la energía. Es un proceso donde convive la normalización financiera con sectores que aún sufren niveles de desempeño bajos o mecanismos de obra más baratos y mecanizados.
Finalmente, ¿cuál es su visión sobre la inflación y la velocidad de su descenso hacia los niveles de la región?
Mi expectativa es que la inflación continúe en una senda descendente. Venimos de niveles de shock extraordinarios, de meses donde se viajaba al 15%, 25% o incluso 30% mensual. Si bien la velocidad a veces genera dudas, el objetivo para el futuro es converger hacia los niveles que vemos en otros países de Latinoamérica, como Paraguay, Bolivia o Brasil. Salir de esa trampa de la decadencia en la que estuvimos atrapados por años es un proceso largo, pero necesario para el desarrollo.