La provincia dejó de ser una plaza secundaria para las franquicias y se ha transformado en uno de los territorios más atractivos del interior del país.
Por Vanina Peralta, coordinadora de Franquicias que Crecen Mendoza
Durante años, la conversación sobre inversiones estuvo dominada por la volatilidad financiera, la especulación y la promesa de retornos rápidos que, muchas veces, no se materializaban. Sin embargo, el clima económico actual parece marcar un giro claro: 2026 empieza a consolidarse como el año de la economía real. La de los activos tangibles, el consumo concreto y los modelos de negocio que generan rentabilidad desde la operación cotidiana.
No es casual. En contextos de incertidumbre, el capital busca refugio en aquello que puede entenderse, medirse y proyectarse. Y en ese nuevo orden, lejos de los fuegos artificiales financieros, empiezan a ganar terreno las decisiones estratégicas, el análisis profundo y el largo plazo.
En ese escenario, Mendoza dejó de ser una plaza secundaria para transformarse en uno de los territorios más atractivos del interior del país.
El perfil del inversor mendocino evolucionó. Hoy es más analítico, menos impulsivo y mucho más consciente del contexto. Busca negocios con estructura, respaldo de marca, procesos claros y capacidad de adaptación. Ya no alcanza con una buena idea: se exigen números, proyección y una lógica de negocio probada.
Ese cambio se refleja en un fenómeno concreto: la fuerte expansión de marcas nacionales -especialmente gastronómicas- que eligen Mendoza como plaza estratégica. No llegan por azar. Encuentran un mercado con poder de consumo, una identidad que valora la calidad y la experiencia, y un ecosistema cada vez más profesionalizado.
Casos como Central de Pizzas y Empanadas, que avanza hacia su cuarto local en la provincia, Mr. Tasty con una red nacional consolidada u opciones como Olivia y Jiro Sushi, no son excepciones: son señales claras de una tendencia. Mendoza ya no es "una más". Es un territorio donde vale la pena invertir.
Detrás de este movimiento hay una decisión estratégica de fondo: ganar territorialidad. Las marcas que hoy lideran procesos de expansión entendieron algo clave: el posicionamiento ya no se construye solo desde Buenos Aires.
Ser verdaderamente federal dejó de ser un slogan para convertirse en una necesidad de negocio. Expandirse en provincias como Mendoza permite no solo captar nuevos consumidores, sino también diversificar riesgos, generar economías de escala, fortalecer presencia marcaria y construir cercanía real con el mercado.
En ese sentido, el sistema de franquicias aparece como una de las herramientas más eficientes para lograr una expansión ordenada, rápida y sostenible. No solo democratiza la inversión, sino que profesionaliza el crecimiento.
El nuevo mapa de inversión muestra a Mendoza como una plaza dinámica, donde conviven negocios tradicionales con modelos innovadores, todos atravesados por una misma lógica: estructura, eficiencia y visión de largo plazo.
Para las marcas, crecer de manera federal ya no es opcional: es el camino para consolidarse y sostenerse en el tiempo. Para los inversores, la economía real vuelve a ser el refugio. Y para Mendoza, el desafío es claro: capitalizar este momento histórico de expansión productiva.
En 2026, invertir deja de ser una apuesta. Empieza a ser una estrategia.