Un reciente relevamiento en el Gran Mendoza realizado por la consultora RZ revela que la inflación impactó severamente en la población. Los servicios públicos y el alquiler desplazan a los alimentos como el principal foco de preocupación financiera.
El inicio de 2026 ha planteado un escenario desafiante para la microeconomía de Mendoza. A pesar de que las variables macroeconómicas buscan un sendero de previsibilidad, la percepción social del ajuste corre por una vía diferente: la del bolsillo diario.
Según los resultados del último relevamiento provincial realizado en el Gran Mendoza por la Consultora RZ, el fenómeno inflacionario ha dejado de ser una preocupación exclusiva de las góndolas para trasladarse al corazón de la estructura de gastos fijos de los hogares.
El estudio, basado en una muestra representativa de 1.326 casos, arroja una cifra que preocupa a analistas y comerciantes por igual: el 65% de los mendocinos afirma que la inflación impactó "mucho o bastante" en su economía personal durante los últimos 30 días. Este dato no solo refleja una pérdida de poder adquisitivo, sino un estado de alerta emocional que condiciona cualquier decisión de consumo futura.
Históricamente, los alimentos y bebidas lideraban el ranking de los rubros con mayor sensibilidad para el consumidor. Sin embargo, febrero de 2026 marca un punto de inflexión.
Con el 53% de las menciones, el rubro de Vivienda y Servicios (alquiler, luz, gas y agua) se posiciona como la categoría que más aumentó y, por ende, la que más daño causó en las finanzas familiares.
Este desplazamiento no es menor. Mientras que el consumo de ciertos alimentos puede ser sustituido por segundas marcas o promociones, los gastos de vivienda son de demanda inelástica: no se puede "dejar de pagar" la luz o el alquiler sin consecuencias drásticas. Esta situación está provocando un "efecto desplazamiento", donde el ingreso de los hogares se destina prioritariamente a cubrir el techo y los servicios básicos, sacrificando el consumo en otros sectores de la economía local.
El informe subraya que la inflación ha dejado de ser una variable meramente numérica para convertirse en una barrera conductual. Los mendocinos ya no solo "miran precios", sino que han modificado su forma de habitar la ciudad y planificar su futuro:
Parálisis de planificación: La incertidumbre impide la toma de compromisos financieros a mediano plazo (créditos, refacciones o compras de bienes durables).
Ajuste en el gasto discrecional: El ocio, la indumentaria y las salidas fuera del hogar son los primeros rubros en sufrir el recorte ante la presión de las tarifas.
Cambio de estrategias: La búsqueda de ofertas y la compra por necesidad inmediata reemplazan al stockeo mensual.
Uno de los puntos más interesantes del análisis es la brecha entre los indicadores oficiales y la percepción ciudadana. El informe destaca que "entender cómo viven las personas la inflación es tan importante como medirla".
A menudo, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) puede mostrar una desaceleración técnica, pero si los aumentos se concentran en servicios básicos que afectan el flujo de caja mensual, la sensación de "crisis" persiste en la opinión pública. En Mendoza, esta percepción está hoy en niveles críticos, afectando el humor social y la confianza del consumidor.