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Argentina enfrenta estanflación con una inversión insignificante

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Lunes, 2 de Noviembre de 2026
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Argentina experimenta estanflación: recesión técnica con una caída del PIB en el segundo trimestre y proyecciones similares para el tercero, mientras la inflación interanual alcanzó 33,4% en septiembre y el desempleo 7,9%. La inversión fija, crucial para el crecimiento futuro, representa solo el 14,7% del PIB, muy por debajo del 19% registrado en 2008 y 2023.

La estanflación, un concepto acuñado en 1965, desafía la curva de Phillips al demostrar que el estancamiento económico y la inflación pueden coexistir. Shocks petroleros en los 70 y casos como Brasil en 2015-2016 lo confirmaron. La perspectiva estructuralista latinoamericana añade que la inflación regional puede originarse en cuellos de botella productivos y la restricción externa, no solo por factores monetarios, lo que es relevante para Argentina con los altos precios del petróleo.

La inversión es clave: con una tasa del 15% del PIB, gran parte solo repone capital desgastado, limitando la expansión productiva. La inversión fija cayó 11,1% interanual en el segundo trimestre, afectando maquinaria, transporte y construcción. Economías asiáticas en desarrollo mantuvieron tasas de inversión superiores al 30% por décadas.

Estanflación y baja inversión están interconectadas: la falta de inversión restringe la oferta, volviendo los precios más rígidos, mientras la incertidumbre inflacionaria y el riesgo país encarecen el financiamiento y desalientan proyectos a largo plazo, creando un círculo vicioso. Factores adicionales incluyen la inversión pública mínima, demanda interna débil, apreciación cambiaria y alto costo de financiamiento externo.

Superar la estanflación requiere una doble estrategia: un ancla nominal creíble para los precios y políticas que fomenten la inversión y la capacidad productiva. Esto implica reglas predecibles, financiamiento a largo plazo, infraestructura y un tipo de cambio competitivo. Si bien Argentina ha avanzado en sus cuentas públicas, transformar esa estabilidad en crecimiento es el reto. Con la tasa de inversión actual, lograr un crecimiento sostenido es improbable; la estabilidad por sí sola podría derivar en estancamiento inflacionario sin una mayor inversión.

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